En la legendaria isla Maizales los rojos siboneyes tenían ocupada la sierra de la maestranza, mientras que los cobres taínos mantenían el control costero. Estos últimos, en cuanto se cumplía un período equivalente a cien lunas y siempre que los prestidigitadores y videntes climáticos así lo autorizaran, destinaban a un grupo de cazadores de las aguas para que se tirara al mar, con el fin de obtener el fresco y nutritivo alimento que conformaba su reconocida dieta proteínica. Partían al amanecer en sus embarcaciones diversas, desde las balsas armadas y tejidas con carrizos y ratán, hasta las de ceibas vaciadas, talladas y armadas en hilera. Los manjares más apreciados eran preparados por las mujeres del pueblo, con el producto de los magníficos ejemplares atrapados por el grupo de pescadores. Songo Huama , uno de los taínos más eficientes en esas labores, tenía como hermana a una de las más hermosas princesas de la isla,...
Hace varios años, en un taller literario (en la red) tuve una fuerte discusión con supuestos expertos en microcuento o microrrelato o minificción
ResponderEliminarDe ahí le llamo narrativa breve, aunque también me gusta microcuento.
En fin, discutían mucho sobre esta publicación.
Sostengo (desde entonces e incluso ahora, a la distancia temporal) que querían definir los componentes de una oración: sujeto, verbo y predicado; cuando la estructura de una minificción es otra absolutamente.
Ahora he compartido el texto motivo de tal controversia, cuyo título es Corte vegetal.